26/10/2011

Aswan nos abraza, nos reanima, y nos despide en paz...

La foto más bufarra del año, del viaje, y de nuestras vidas...
Luego de un par de días pateando latas por la ciudad, las cosas se empezaron a componer. Con movimientos tibios y lentos fuimos logrando armar, además del rompecabezas físico y emocional de nuestra existencia, el económico del país.

Un elemento que contribuyó en este proceso, fue aceptar e internalizar que Juan estaba pronto a partir, hecho que además de inevitable, resultó un gran motivador para sacar todo de la reserva, y hacer que los últimos días del grupo fueran más que memorables, no acarrearan la densidad y la angustia de las despedidas, sino más bien la esperanza y la satisfacción de lo vivido.

Por otro lado, recibimos la confirmación definitiva de que nuestros viejos nos vendrían a visitar en cuarenta y cinco días, suceso que provocó una satisfactoria sensación de desahogo emocional. Un gran “sí!” interno a una esperanza que veníamos macerando por largo tiempo; y a la vez, algo que introducía un nuevo contexto, que fijaba tiempos, alimentaba ilusiones, y un rumbo para calentar motores.

El pintoresco cementerio de Aswan...
Puro color en el mercado...
Aliviaba la pesadez mental y física de tener que ver y hacer todo por nuestra cuenta, de batallar cada entrada, de pelear cada precio, de desgastarnos con las mil opciones que Egipto tiene para disfrutar. En definitiva: era esperanza emocional, estomacal y una sensación de liviandad que cambiaba las reglas de juego.

En lo cotidiano, por suerte se empezó a sumar la solidaridad y el ojo de los egipcios, que notaron que definitivamente no les íbamos a comprar nada, que arribamos a estas tierras por otros motivos, y que finalmente se abrieron ante nosotros, y nos hicieron parte del cambalache del lugar. Esto se tradujo en asistencia para encontrar los precios adecuados, en recomendaciones de cómo viajar, y en momentos sublimes en donde nos invitaban a su mesa y nos obligaban a ocupar un lugar, para luego incitarnos a degustar algunos bocaditos acompañados por exquisitas tazas de té.

La calidez de lo humano, sumada a algunos buenos descansos y a la paciencia invertida, empezaron a mellar los estados de ánimos machacados, y le fueron dando de a poco un nuevo aire a la situación, la cual empezó a permitir pensamientos más enfocados, acciones más precisas, y sentimientos más claros.

Lancheros a la espera de alguien para trasladar...
Con ese caudal empezamos a movernos por la ciudad para ver qué visitábamos, decisiones que fueron atravesadas por una ecuación simple y clara: “Lo barato lo hacemos por nuestra cuenta, lo caro y más interesante lo dejamos para hacerlo con los viejos”. Esto no solamente suponía una ecuación puramente monetaria (que siempre puede ser solventada por ocurrencias y atrevimientos varios), sino también de esfuerzo, ya que no valía la pena un gran desgaste para ver dos veces lo mismo.

Así fue, que la turisteada en Aswan la limitamos a intentar visitar la Isla Elefantina, lugar donde las atracciones principales son la villa Nubia, algunos paisajes que se obtienen de la costa de Aswan (que resultan particularmente épicos), y un punto de vista panorámico que ostenta un hotel bufarra, que no tiene absolutamente nada que ver que esté ahí.

Además, en el combo, y por un viajecito más, se podía sumar los jardines botánicos, lugar que se sitúa al lado de la Isla Elefantina, en otra isla de dimensión algo menor, sitio que introduce a una pequeña selva abarrotada de plantas y árboles de todo el mundo, y que sirve de campo de distracción tanto para Nubios, como para quienes hacen turismo interno y externo.

Caminando la isla...
Callejón...
En suma: salimos de nuevo a la cancha, lo cual siempre se siente bien, dejamos de lado nuestras convalecencias, y volvimos a sintonizar con el entorno para ganar un partido ajustado que tuvo su desenlace en el último cuarto de hora.

A pura lengua fuimos encarando a lancheros y otros intermediarios, que nos terminaron cobrando el precio justo, el cual es extremadamente más barato que el injusto, y que no lo voy a comentar porque se van a creer que somos unos usureros; pero Egipto resultó ser finalmente el país más barato del viaje hasta el momento, y aunque Malawi y Uganda le pelean cabeza a cabeza, el país faraónico cuenta con un entorno muchísimo menos rústico, y hoteles que hasta tienen baño, y si te descuidas, jabón.

Asumimos entonces todos los riesgos, y le pusimos un punch de marihuana berreta al paseo, para no solo colmar el panorama de colores e inquietudes mentales, sino también para soltar la risa fácil, pero prístina del disfrute. Y así fue que nos sorprendimos de una villa Nubia que empezaba a destapar los baches culturales del país. Basura y mugre en estado acentuado de naturalización, gente muy pobre, casas que hacen equilibrio para no desmantelarse, marginalidad total, muy poco alimento, y ninguna visualización de posible mejora. Olor a olvido gubernamental y a desidia educativa.

Cabritas comiendo lo que dé...
Patio trasero de alguna parte de la villa nubia...
Nosotros: mutantes inter-espaciales que vienen de Europa o de alguna otra galaxia, porque Latinoamérica definitivamente no esta en el mapa de aquellos nubios. A la vez una profunda sensación de tranquilidad, nada de ruido, naturaleza, y un Nilo que podría adornar la montaña de mierda más grande del universo.

Personas reservadas, poco sonrientes, pero nada hostiles, contemplando seres que vienen de un mundo negado e inconsiderable para ellos; navegando los límites del tiempo, culturalmente sumidos en un bache sistemático repetido y desesperante de lo quedado, despreocupado y deshumanizado. Escuché a algunas personas decir que el lugar es pintoresco, yo me lo ahorro, pero digo que es interesante para sentirlo, caminarlo y observar.

Fuera de la villa nubia, pero exactamente al lado y casi inexplicable, se eleva un hotel mega-mogólico que tiene luces de colores, nada para ofrecer, pero mucho para criticar. ¿Qué carajo hace esa mierda de colores al lado de gente que se esta muriendo de hambre y sin recursos? El horror en estructura de cemento, una imagen de la estupidez dejada y ridícula en la que vivimos, y lo natural que nos parece. Tremendo.


Villa Nubia desde el hotel...
Al lado de la Villa Nubia...
Panorámica de Aswan desde el hotel...
Al margen, para caer en cuenta de esto, y antes de sacar esta conclusión, tuvimos que subir hasta el último piso del horror, a intentar rescatar unas panorámicas de la ciudad, y aquí fue que además de no poder tomar nada porque era escandalosamente caro, y luego de robar manteca y mermelada, nos dimos cuenta que desde aquella altitud, la visual del bizarro y contrastante espectáculo, era privilegiada. Un buen spot para meterse hongos, merca y poxi-ran, todo junto, a ver si realmente las drogas pueden cambiar la precepción de la “realidad”.

Pero no teníamos nada de eso, y entonces decidimos huir hacia los jardines a ver pajaritos, arbolitos y musulmanitas tapadas, pero no queríamos pagar la entrada de casi cuatro dólares por persona; así que salió a la cancha Juancito y metió un pique que nos dejó a todos mirando, la agarró de aire, y calzó un chiflón que la tuvieron que ir a buscar al Cairo, haciéndose responsable del no pago de la entrada, a puro grito de gol y a pura charla. Irreproducible, y la prueba de que con seguridad y convencimiento, en este mundo se puede conseguir cualquier cosa. Aplausos para el Español.

Llegando a los jardines botánicos...
Turismo egipcio en los jardines...
Caminamos y caminamos, nos sacamos muchas fotos con egipcios que nos daban vuelta la ecuación del turisteo, y alistaban sus celulares a nuestro paso, nos daban charla, y nos inmortalizaban al ritmo de una risa amable, pícara y genuina.

Se hizo de noche, y luego del éxito diurno, todavía nos quedaba brindar por un cumpleaños atrasado. Tuvimos la suerte de estar acompañados por dos argentinas y una chilena españolizadas, que supieron adornar y darle brillo a una reunión que marcó la vuelta al alcohol; que en esta ocasión se selló con cerveza “Stella”, de elaboración egipcia, pero que la consumen mayormente los extranjeros, ya que los musulmanes no lo tienen tan permitido por la religión. Es increíble lo que una cerveza puede hacer, pero como es costumbre de este blog, nos seguimos ahorrando los detalles…

Salud...
Messi está en todos lados...
La isla Elefantina, un oasis en el desierto...
Mientras brindamos estonces por el cumple... este blog se despide hasta anunciar que luego de este comienzo peleón, pero victorioso en Egipto, la troop haría su penúltimo movimiento conjunto hacia otro de los puntos de mayor interés del recorrido faraónico, la mítica ciudad de Luxor.

Hasta entonces y gracias por seguir leyendo estas aventuras animadas de ayer y hoy…

video
Niños andando en bici por el mercado de Aswan...

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