| Muchedumbre furiosa... |
Caminando como autómatas por el Cairo tras las estancadas visas para Medio Oriente, intentábamos acostumbrar a nuestros estómagos nuevamente a la nada. Al momento Juli estaba viviendo por unos días en la casa de un ruso que conoció por Couchsurfing, y yo estaba instalado en el eterno Gresham, esperando a que llegue a la ciudad Mohammed (nuestro mejor amigo egipcio), para todos juntos mudarnos al barrio de Abassiya en Nasr City, y ya una vez allí, desarrollar un poco más la paciencia hasta contar con los detestables papelitos en el pasaporte.
Los días transcurrían lentamente sin un rumbo fijo, ya que además de los papelitos, estábamos a la espera de la fecha de llegada de otra persona que es como parte de la familia, el inconmensurable Federico Antonio Marcello, que se encontraba alistando las baterías de su nueva cámara, para salir a la caza de algún documental en tierras judías-musulmanas. Con este loco de remate teníamos pensado encontrarnos en Tel Aviv en el menor plazo posible.
| El inconmensurable loco de remate... |
Como verán las esperanzas y los motivos nos seguían sobrando, pero eventos ajenos a nuestra voluntad empezaron a complicarnos de a poco, hasta intentar acabar casi por completo con toda la vida que veníamos cargando en las mochilas, enterrando y robándonos impunemente todo lo conseguido. Y eso mis queridos amigos, era un montón de atrevimiento…
Así fue que un buen día Juli me llama y me dice: “según me dice el ruso mañana va a haber quilombo en la ciudad, van a haber manifestaciones en varias partes, y por lo que me comenta, se puede poner pesuti”. Fue un comentario ligero, porque a juzgar por lo que veníamos viendo y viviendo en Egipto, la violencia literalmente no existía en el país.
Hasta el momento la amabilidad, simpleza, modos y sonrisas de su gente, hacían creer que era uno de los lugares más seguros que habíamos pisado en nuestras vidas. Por otro lado esa sensación de seguridad no se había apartado de nosotros en todo el viaje por tierras africanas, ni siquiera cuando transitamos la zona sur de Sudán que estaba literalmente en guerra.
| Las manifestaciones en sus primeros días... |
Al otro día lo prometido, congregaciones de gente en la plaza principal y en los alrededores del Gresham (que se ubica a no más de cuatro cuadras de dicha plaza), algunos policías que empezaban a desplegarse y mucha gente gritando y cantando, pero hasta el momento cuatro gatos locos.
Ya más entrada la tarde, y desde la ventana del hotel, vi el primer hecho que sin llegar a prender los sensores de peligro me llamó la atención: una barricada policial como las que se montan en torno a la casa Rosada resultaba ser absolutamente destruida por Egipcios que pasaban no sólo por encima de los parantes de metal, sino también de la policía. “Epa! Qué loco!”… Pero no por un hecho que presencié más de una vez en Argentina, sino porque me seguía sin cerrar un egipcio violento. Como los policías me parecen los guardianes del mal, y me lastima el horror que me dan, casi que lo festejé instintivamente.
| Iba llegando gente al baile... |
| Patriotismo en Tahir Square... |
| Hilera de gente fea y espantosa... |
Esa misma tarde y también al día siguiente, fuimos los tres a chequear una plaza en la que se escuchaban gritos y se veía gente cortando las calles, algunos otros que se empezaban a subir a trepar sobre los monumentos, pero en un ambiente muy tranquilo y de relativo respeto. Inclusive a los negocios que rodean la plaza se los veía muy activos, vendiendo comida a troche y moche, gente sonriendo, posando para las fotos y acontecimientos acordes con los de una protesta pacífica. Gente con carteles reclamando cosas en árabe, y una policía expectante e inactiva, controlando que no se produjera ningún hecho fuera de lo normal.
Fugazmente durante algún período de la tarde pasaron sobrevolando a muy baja altura una y otra vez aviones de la fuerza aérea, llenando de estruendos la ciudad, con sonido de documental de guerra, de esos que anuncian bombas y cosas macabras y asquerosas, pero tampoco duraron lo suficiente como para hacernos asustar, y se ve que mucho menos a la gente que protestaba en la plaza. Transmitían sí un enfático aviso y una demostración de poder por parte del gobierno, el cual definitivamente empezaba a ponerse en alerta.
| Pedro y Pablo enojados con Mubarak... |
Hasta acá todo dentro de ciertos parámetros de “normalidad”. Sacamos fotitos, seguimos tras nuestras visas, algunas estaban encaminadas, como la de la India y la de Irán, y otras agonizantes como la Siria, la de Iraq o la de Pakistán. “Fenómeno, ya veremos que hacemos, alguien proveerá, vamos a la casa de Mohammed que ya está en el Cairo”… Y así encaramos la mudanza conjunta y nos instalamos en Abassiya en el principado de nuestro queridísimo amigo musulmán.
| Visa India buena onda... |
Empezó a dejar de estar todo fenómeno cuando el amigo de Mohammed llegó sólo a la casa porque no lo había podido encontrar, nosotros sin noticias y los teléfonos cortados. Esta realidad se vió sumamente agravada por el hecho de que en dicha estación de subte se había armado una de las primeras batallas campales entre los “rebeldes” y la policía, quienes habían empezado a notar que no era una protesta pasajera y se lanzó a reprimir con balas de goma y gases lacrimógenos al público en general. Fue la primera vez que se me frunció la cola fuertemente por la falta de noticias sobre el paradero del nonae.
| Policías protegiendo estructuras de poder... |
| Humo proveniente de la basura... |
| Humano antihumano... |
En la estación de subte...
A esto le siguieron protestas masivas más severas, principalmente en torno a la plaza y en diferentes puntos estratégicos de la ciudad, a las cuales se iban sumando sin parar público en general y partidos opositores de todo tipo, transformando lentamente una ciudad que hasta el momento era de las más místicas que habíamos pisado, y tiñéndola de matices lúgubres y destellos de violencia. Se notaba que algo se condensaba y se condensaba, y que si seguía así, inevitablemente iba a explotar.
Se ve que el gobierno también sintió esta carga en el ambiente, y para una de las mayores sorpresas de los últimos tiempos, al día siguiente y mientras paveábamos la tarde, en la casa se empezaron a sentir ruidos a los que nuestros oídos no podían asociar con nada, pero que resultaban absolutamente llamativos y anormales.
Se vió a varias personas correr hasta la ventana del departamento, desde donde se obtiene una vista directa a la calle, y todos los ojos juntos empezaron a pestañear al unísono para confirmar una imagen de las más memorables que recuerdo: un desfile de tanques de guerra que iban en dirección al centro, uno atrás del otro, algunos montados en camiones gigantes y otros directamente andando sobre el pavimento. Una imagen fuertecita, que ahora sí nos sacó una sonrisa nerviosa, y nos advirtió que las cosas se estaban yendo totalmente del control, no sólo por parte de la gente, sino también del gobierno.
Esta primera etapa de calentamiento global, culminó para nosotros con un hecho que hasta hacía cinco días atrás hubiera apostado mis huevos a que jamás podría suceder en Egipto.
Bajando en horas nocturnas del departamento a intentar hacernos de algo para comer en un puestito de pollo que había por ahí, y todavía procesando las imágenes de los tanques, nos topamos con un señor con bigotes en la puerta del edificio, que de muy mala manera nos interrogó por nuestras identidades y nos quiso impedir el paso hacia el emplumado frito.
De buena manera le explicamos que estábamos viviendo ahí y que queríamos ir a comprar algo para comer porque estábamos famélicos. Seguimos caminando como si nada. El tipo automáticamente enloqueció, agarró un palo y nos exigió que le mostremos los pasaportes. Se congeló el cuadro hasta el siguiente pestañeo. No era policía, no lo conocíamos y tenía un palo en la mano, que a juzgar además por la violencia que expresaba en sus ojos, estaba decidido a utilizar.
Bajando en horas nocturnas del departamento a intentar hacernos de algo para comer en un puestito de pollo que había por ahí, y todavía procesando las imágenes de los tanques, nos topamos con un señor con bigotes en la puerta del edificio, que de muy mala manera nos interrogó por nuestras identidades y nos quiso impedir el paso hacia el emplumado frito.
De buena manera le explicamos que estábamos viviendo ahí y que queríamos ir a comprar algo para comer porque estábamos famélicos. Seguimos caminando como si nada. El tipo automáticamente enloqueció, agarró un palo y nos exigió que le mostremos los pasaportes. Se congeló el cuadro hasta el siguiente pestañeo. No era policía, no lo conocíamos y tenía un palo en la mano, que a juzgar además por la violencia que expresaba en sus ojos, estaba decidido a utilizar.
Se armó un quilombo monumental, porque los gritos empezaron a brotar de los dos lados hasta que salieron todos los vecinos, hasta que también bajó Mohammed, que literalmente nos tuvo que salvar de la mano del trastornado enloquecido junto a una “mama” muy respetada en el barrio. Pero el hecho ya nos estaba haciendo notar que si sos blanquito, sos extranjero, y que si sos extranjero, mejor que no seas americano. “Mmmhhuuu”. Fue la primera vez que pensé, estamos a punto de ser tapados por la mierda y lamentablemente no hay escapatoria. Vamos a tener que comerla.
Que no se pare de bailar... que no se pare...
Como broche de oro tuvimos que esconder a Rachel adentro de un placard por un largo rato, ya que el ala reaccionaria musulmana no consiente que una mujer viva entre hombres si es que no está casada legalmente con alguno.
A esta altura la situación se estaba yendo de las manos y había pasado por todos los tonos conocidos, y aunque la pasamos como el orto, la noche fue sellada por risas irónicas enfocadas hacia una irracionalidad y una cultura que empezaba a mostrar un lado totalmente opuesto al que veníamos viendo, y que a juzgar por lo vivido, por lo menos había que tenerle mucho respeto y actuar con mucho cuidado.
| Chau al canal de televisión... |
| Gente cansada de vivir en la pobreza... |
La sociedad egipcia estaba absolutamente convulsionada y ya se veía en esta instancia que no tenía pensado dar marcha atrás. La policía a esta altura estaba desapareciendo de las calles, demostrando su veta más cagona, confirmando que cuando pierden el control y se ven superados en número, se meten los palos y los escuditos en el orto y huyen como buenas putas cabareteras que son.
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| La policía... |
Se estaba abriendo la era militar en la calle, y con ella, obviamente lo peor estaba por venir. Tanques, grupos pro y anti Mubarak, y un profundo estado de desinformación, inoperancia, e inutilidad de un gobierno que trastabilló en cada respuesta y en cada acción, que no dieron lugar más que a un estado general calamitoso que llenó nuestro viaje de todo tipo de quilombos...
Hasta la segunda parte y más trágico capítulo de este viaje interespacial… Gracias por leer…
Hasta la segunda parte y más trágico capítulo de este viaje interespacial… Gracias por leer…
| La guardia nocturna en Tahir Square... |

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