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20 dic. 2013
De Grahamstown a Buenos Aires y De Acá a la China…

De Grahamstown a Buenos Aires y De Acá a la China…

“En aquel mundo de los deseos construido por mi persistencia, la vida es como un tren: Algunas veces corre velozmente entre las llanuras planas como un buen caballo; otras vacila con dificultad y avanza entre imponentes y empinadas montañas, lagos, ríos y mares. Tanto en las situaciones favorables como en las adversas, los dos carriles bajo las ruedas del tren siempre permanecen en paralelo. Uno es el carril del “si”, el otro es carril del “no”. En mi mundo, estos dos carriles son la expresión de mi forma de pensar y mi conciencia. En el proceso de avance sobre aquella estructura paralela, en donde se superan los obstáculos continuamente, estos me guían hacia la meta de mi corazón”.


De Acá a la China... Una película hecha con amor...
“A ver… ¡Por favor! Alguien que le ponga un freno de mano a la vida que tenemos una película que terminar”. Vico había decidido que por nada del mundo se quería perder el bailoteo del rodaje, por lo que juntos aterrizamos en el aeropuerto internacional Pistarini, lugar en donde nos estaba esperando la afamada figura de Federico Antonio Marcello, perfectamente listo para quemarnos el coco liso por el período de un mes.

Llegar a Argentina después de cuatro años no me produjo absolutamente nada, hecho que le adjudico a la pastela que me tomo para volar, la cual hace que vivir o morir, me parezca parte de exactamente lo mismo. Es un poco de Clonazepam, pero versión budista 2.0, que mezclado con una buena dosis de alcohol, te transforma en un insensible absoluto de ojitos vacíos y pajaritos en la cabeza. Como yo no tomo ni aspirinetas, cada vez que me meto media de estas tabletitas la paso bomba, y como a Vico le agarra envidia de verme drogado, aunque no tiene miedo a volar y para no perderse la aventura, se la toma igual.


Es para Fede que lo mira por Tv...
Pasados los “Holas, que lindo volver  a vernos nuevamente”, el siguiente mes fue como un día extremadamente largo de nuestras vidas. No puedo recordar muy claramente cómo fue que el cuerpo resistió el adrenalínico correteo de hacer que tanta cantidad de cosas sucedan, pero en líneas generales: llegamos a la casa de Fede, prendimos las computadoras, los celulares, y de ahí en más, nebulosas de colores en todos los sectores de mi memoria. Había que ayudar a armar una exhibición China en el centro cultural Borges, conseguir equipamiento, locaciones, buscar varios actores, alquilar luces, conseguir permisos para filmar en el aeropuerto, y llevar al día los dos mil papelitos que la infame burocracia que no perder el control de los hechos demanda.

Dani, los gemelos Portnoy y Vale...
Fede y Capi...
El chelito preparando la jornada...
Además había que ir a Mendoza a ver al Indio, tratar de juntarse con algunos amigos que no veía desde que me había ido de Argentina, y preparar el catering para los cuatro o cinco días de rodaje que teníamos planeado para que la banda pueda seguir sonando. Gracias al cielo estaba mi santa madre en Buenos Aires, muy lista y predispuesta a dar una mano en todo lo que fuera necesario, que sumada a la infinita paciencia que nos tienen los padres de Fede, ayudaron a que la carga se alivianara significativamente. Fue un buen momento para reafirmar y valorar la importancia de los seres queridos apoyando las boludeces que a uno se le ocurren.


Alejandra y Hu...
Gasti, Héctor y Fede...
Héctor y Marisa...
La abuela Gugliottella y las próximas generaciones... ¡Gracias!
Se me hacen nudos mentales y emocionales al intentar el ejercicio de relatar todo lo sucedido y todo lo sentido durante este vertiginoso mes de Octubre de 2013, en el que participaron todos los familiares, todas las extensiones familiares, todos los chinos conocidos, muchos amigos, muchos amigos de amigos, y una infinidad de entes ocasionales que le metieron una sonrisa al proyecto, y ayudaron, aunque sea con el más mínimo de los aportes, a que los eventos arribaran al mejor de todos los puertos posibles.

Se formó un equipo de personas que uno a uno demostraron que las uniones humanas, mucho más que una utopía, pueden ser una realidad. Fue una instancia en la que sentí muchísimo orgullo de haber tenido la posibilidad de formar parte de tan lindo grupo de gente y de trabajo. Gente que simplemente hizo todo lo humanamente posible para nunca perder el humor y dignificar el esfuerzo extra, ése que realmente hace la diferencia en la vida. El que cuesta, no el que es dado... ese en el que uno tiene que concentrarse y sostener, que es el que en definitiva marca la diferencia entre las esencias de las personas.


¡Hay equipo sí señor!...
José, Capi, Vico y Chelo...
Preparando el set...
Maru y su magia en la cara de Dani...
Los Portnoy, La Rubia y Maru chequeando tomas...
¿Qué más puedo decir? Tengo que nombrarlos a todos: Mar y Gasti, Vico, Rubia, Marina, Fede y Pablito. Gallo, Chelo, Capi, José, Julián. Hu, Vale, Dani, Horacio, Tía Nena, Sonia, Los Gemelos Portnoy,  Garrin, Santana. La genialidad de Vilma y toda su familia, Ramón y Lily, La familia Lema, La Familia Gugliottella, La familia Marcello desde Héctor y Marisa, y pasando por todas las generaciones hasta llegar a Felipe. Fernando y mi santa madre Alejandra. Toda la gente de Aeropuertos 2000, Eduardo Geffner, Ana Kuo, Agustín Zbar y hasta la buena onda de Alfredito, Rodney y Stevens que flotaba en el ambiente. También las energías de muchas de las personas que por algún u otro motivo no participaron físicamente de la experiencia, pero de las que constantemente invocamos los espíritus.


Hu, Lily y Ramón...
Marianita y Capi...
Garrin y Santana...
De esos eventos en los que uno no puede hablar de un sentimiento. De esos estadíos que en definitiva tienen el conjunto de condimentos de la gran salsa de emociones que es la vida, y que gracias a la integra humanidad de este grupete de personas y a nosotros mismos, llegaron al paladar como esos afrodisíacos que te llevan a pasear por el mundo en un único y compacto recuerdo. Otra gran etapa había concluido con sumo éxito, y por suerte, el único costo que realmente había tenido fue el de un poco más de vida, que aunque muy caprichosa y vertiginosa, podemos decir también, que muy bien vivida.

El tío Horacio y los Gemelos...
Vale con la tía Nena...
Dani, Hu, Vale y Felipe...
Nos quedaba muchísimo por delante. El único que tenía realmente idea de cuánto, era Fede. Lo importante es que habíamos dado un paso más en la batalla, y que aquel camino, fue sellado con una fiesta comunitaria en la que de alguna u otra manera, participamos todos. El resto de las procesiones continuaron por dentro. Hay quienes perdieron el hilo, hay quienes aún al día de hoy lo siguen buscando. Así es la madeja de la vida, un eterno ovillo que constantemente tenemos que seguir desenmarañando.

Mucho más cansados que antes, y porque las condiciones para algunas cosas no estaban aún dadas, nos volvimos nuevamente a Sudáfrica, a ver cómo carajos nos pegaba esta nueva experiencia en la cabeza. Todo parece una excitante y gran aventura, pero la pucha que hay que aguantar... Gracias a todos los que estuvieron una vez más. Infinitas y sentidas gracias y hasta la próxima.
De regreso a Octubre de 2013 desde Octubre de 2014… (Un relato sin fotos...)

De regreso a Octubre de 2013 desde Octubre de 2014… (Un relato sin fotos...)

Sin un estandarte de mi parte... Te prefiero igual... Internacional...
En algún momento “La Casa Latina” (link) se había convertido en psicóloga y/o en consultorio de psicología. Todos los que por allí pasaban escuchaban un problema, contaban un problema, o creaban un problema nuevo de la nada misma. Fue un lugar donde muchas personas manifestaban abiertamente todas sus insatisfacciones en palabras o en acciones. Las compulsiones se repetían compulsivamente (valga la redundancia más que nunca), y las enfermedades de quienes la habitábamos y de las personas que intentaban habitarla por algún concepto, quedaban expuestas con una facilidad asombrosa. Me atrevería a decir que se transformó en un lugar de exposición de caprichos de gente un toque pasada en loca, y también de personas necesitadas de energías externas para darle sentido a sus vidas.

Hacíamos todo lo posible por evitar historias y catarsis ajenas, que además de chuparnos un huevo, nos parecían una creación propia de mentes que no tienen nada que hacer con su día. No había caso, los que no saben qué hacer con su día o no quieren hacer el esfuerzo necesario para lo que dicen que quieren hacer de su vida, se habían convertido en plaga. De esos personajes que centran la atención en vidas ajenas, y proyectan su realidad en los demás, con esa segunda intención de sentirse acompañados en la desdicha o de generar empatía en el éxito. Había otros que se "panquequeaban", y llenos de miedo y de impotencia, salían disparados exactamente en la dirección opuesta a la que juraron que jamás iban a correr. Y me quedo acá porque ya es demasiado, pero la exposición de algunas personas resultaba absolutamente innecesaria y vergonzosa.

En medio de este contexto donde me estaba sintiendo mejor sólo, que enfermamente acompañado, el guionista se las ingenió para complicarla un poco más. No vaya a ser que pasemos esta etapa de locura sin que nos quede una buena cicatriz que exhibir orgullosos, esperemos, en un futuro no muy lejano. Así fue que, justo cuando estábamos remontando nuevamente el barrilete, el guionista elucubró y entretejió energéticamente una red de hechos que derivarían en la llamada más inoportuna, y a su vez, más esperada de todo el año... “Pablito, ¿podemos hacer un Skype?”. “La puta madre Federico. Ya lo sé todo. No te puedo creer ese tono en la voz”.


Un guionista de la vida... Federico en el papel de "El Zorro"...
“Che, ¿A que no sabés qué? Hu, el chino, viene a la Argentina. Viene con otra gente de Xiamen por el tema de una exposición en el Borges. Al margen: ¿Te acordás que filmamos esa película en China hace unos meses, no? Bueno, cuando nos despedimos sabíamos que todavía faltaba el rodaje en Argentina. ¿No es así? Bueno, con Hu en la Argentina, es el momento ideal para hacerlo. ¿Vos pensás que te podrás venir un mes a Buenos Aires y ayudarme a organizar todo?”. Mientras respondía que sí, trataba de pensar motivos por lo que Federico no estuviera siendo coherente, como jugándome la última carta con la cual hacer un desesperado cuestionamiento de la realidad en que me estaba sumergiendo a través de aquella inverosímil conversación por Skype. Cuanto menos incoherencias y culpables encontraba, más puteaba por dentro, y mucho más recelo sentía. De esos momentos en que uno intuye que le están metiendo dedos en el culo, pero no puede encontrar a qué brazo corresponden.

Justo cuando nos estábamos curando del cansancio, de las energías de la gente loca; justo cuando estábamos comiendo bien y recuperando peso y energía vital. Federico Marcello, un afamado y brillante guionista de la vida real, había desparramado sólidos argumentos por lo que tenía que desconectarme de todos mis sueritos imaginarios, y tomarme un puto avión que cruce el condenado Océano Atlántico, para ir a meterme en la locura de stress y de ansiedades que genera producir un rodaje para una película. La concha de todas las loras del planeta. Eso sí que fue ponerse chalecos antibalas, cerrar los ojos, y salir a responderle y a negociar con el destino... que por algo el hijo de la muy puta se dedicaba a incomodar constantemente. Te quiero destino.

De esos momentos en donde hay que desprenderse de los planes, de algunas expectativas, y de otro montón de sistemas y forradas cerebrales, para salir así, todo débil y cagado a palos a reconstruir la realidad. Fascinante... horrorosamente difícil, pero fascinante. El concepto “volver a Argentina” me parecía salido de un cómic de contenidos nefastos. No me quedó otra que empezar a darme autopalmadas en la espalda y a decirme: “Dale loco, vas a ver a tu vieja, vas a ver a tus amigos y vas a comerte un asado grande como una casa... Toca el Indio, vas a volver a ver al Indio, vas a caminar por la estación de Coghlan, que es la más linda de Capital Federal, y seguramente vas a conocer a gente piola y sumar un poco más de experiencia en algo que todavía no sabés. Vas a volver a ver a la gente de China. Dale campeón... a dignificar un poco la historia”. Y me creí todas estas mentiras hasta tal punto, que fui y me compré un pasaje de avión.

No había tiempo para nada más señores. Fue otra lección más para terminar de entender que en cualquier aspecto de la vida, hay que tener cuidado con lo que uno genera, porque después siempre viene la parte de hacerse cargo. Y esa parte generalmente no siempre entiende de formas, de momentos, o de timings; simplemente continúa su curso natural por donde se le antoja. La decisión de volar a Argentina, a su vez marcó el final de la época de oro de “La Casa Latina”. En exactamente un mes volveríamos a habitarla, para ya nada sería igual. Obviedades...

Todo pasó así de repente, pero muy real. ¿Qué le vamos a hacer amigos? Hay búsquedas inconscientes que nos tuercen el destino y que hacen que las expectativas terminen fuertemente volcadas en una sola y cómoda mentira que parece contenernos y que nos resulta cómodo creer. Pero eso por ahora no importa, porque en definitiva no es un problema de este blog. Déjenme llevarlos por el lapso de un post hasta Argentina. Venga, lea, acérquese al fogón... que en este post no voy a hacer más que presentarle a gente maravillosa. Siéntase mucho más que Bienvenido...
La Casa Latina de Grahamstown, Rollo megafantástico… Rollo galáctico…

La Casa Latina de Grahamstown, Rollo megafantástico… Rollo galáctico…

La famosa, única e irrepetible "Casa Latina"...
Una de las condiciones sine qua non para todo esto de rearmar nuestra vida sedentaria en Grahamstown,  era encontrar una casa que posibilite eso de amotinarse entre paredes y armar una rutina conveniente, llena de estabilidad y repeticiones que tienden a lo mismo sin un fin demasiado entendible. Ese nido que te posibilita sentirte familiarizado con todo lo que hay dentro, en el que uno fundamentalmente se debe sentir cómodo, protegido y seguro.

Luego de una semana de apresurada búsqueda de todas esas poco exitosas variables entonces, llegamos al local de Andrea con un aviso que habíamos encontrado en internet. Andrea nos quería mostrar un montón de boludeces, pero: “No Andrea, esta que está acá. Mirá. Ésta”. Era una casa que ni la inmobiliaria sabía que tenía para alquilar. Referénciese usted a través de este ejemplo, sobre cuán “Wonderland” es este ingenuo pueblito llamado Grahamstown, que a la gente se le olvidan “casas que tiene para alquilar”. Prosigamos.

Nos llevó hasta el aviso, abrió la puerta y... ¡Chan!... la mansión no se acababa nunca. Empezamos a dudar si tenía sentido considerarlo, porque parecía demasiado grande para dos personas. El precio de publicación era de por sí insólito, y nosotros estábamos dispuestos a negociarlo bastante más para convertirlo en insólitamente ridículo; cosa que gracias a la logia secreta que maneja la economía de Grahamstown, finalmente conseguimos.

Lo único que no tenía era una cocina (el artefacto), pero daba la casualidad que desde la época del travelling trolly (link), teníamos la nuestra guardada en una baulera, por lo que solamente hacía falta ir a buscar y reconectarla. “Pepe, arrimá la camio...”. Y ahora...“¿Qué hacemos con semejante mansión?”. Los planetas se alinearon para dar una respuesta luminosa y certera en forma de rayo de luz, y en el mismo momento en que nos hicimos la pregunta, llegó un correo de “Luisito Rabanito Saharahui” que decía algo así como: “Vuelvo al town en un mes, no tengo casa ni teléfono ¿me ayudas a buscar algo?”. “Bingo cabeza, somos tricota. Metele que son pastele...” y nos mandamos literalmente a “mudar”.


Luis "Rabanito" Saharahui y su guitarra mágica...
Espiando el cuarto de Vico...
El pasillo de la planta alta...
Tuvimos que limpiarla de punta a punta. También tuvimos que exorcizarla de la cantidad de espíritus que vivían detrás de las puertas y debajo de las camas. Los ambientes se sentían raros en varios de los rincones, y estaba lleno de brujerías y códigos y adornos de hechicería de la mala. Entre vinagre, velas, y otras precauciones de la misma y supersticiosa naturaleza, nos fuimos haciendo amigos de todos los muertos que merodeaban por los rincones.

Era de esas mansiones llenas de almas en pena y de reprimidos llantos nocturnos; la imagen en sepia de una gran fiesta que se acabó, o la de esa juventud que ya no es y que se aferra en el pasado. Skay resumiría: “el llanto ahogado en la garganta, el grito mudo del dolor... Bailando ante mis ojos, dando tumbos en la noche, con el viento entre las manos... te vi”. Y... nosotros no íbamos justamente a ser esa banda energética que le devolvería el esplendor de la vida en olas de alegría hogareña.


Vistas al patio...
Unas pizzitas a la parrilla...


Finalmente, y para alimentar un poco más nuestra infinita suerte en la vida, llegó Luisito, y entonces ya no éramos dos, sino que con todo su él sentado en una de las sillas de la inmensa mesa de la cocina, contábamos el exacto número de tres chiflados metiéndole cara al mundo de Grahamstown. A saber: “Rabanito Musulmán”, “Vértigo Flu” y “Presionitis bajarum est”, conformaban una mesa redonda de personas que ciertamente no estaban pasando el mejor momento de sus vidas, o mejor aún, que estaban tratando de encontrar nuevamente el sentido de las mismas.

Merodeando en este contexto, apareció también la figura y el humor negro de lo que Vico apodó “El guionista”, un concepto análogo al de la “Mano Negra” que nos acompañó en América en Bedford (link), en el sentido que funcionaba como un chivo expiatorio inmaterial, al que uno le podía echar la culpa de todos los eventos desgraciados que sucedían, en cualquier circunstancia y por cualquier concepto. El Guionista de la segunda mitad del 2013 entonces, fue un grandísimo hijo de puta que siempre sacaba otro as de abajo de la manga, como para que no perdamos la costumbre y/o nos olvidemos de pasarla un poco peor. Cada maestrito con su librito... Apasionante.


Me olvidé de comentarles... También tenía pileta...
En fin amigos, así quedó definida, y así fue que bautizamos a “La Casa Latina”; un lugar en el que dos Argentinos y un Español se encontraron en un particular momento de sus vidas, a ponerle un poco más de salsa al picante, y a buscarle ese sentido necesario a las cosas, evento que por nuestras propias e infinitas distracciones, jamás sucedió. Lo que sí sucedió fue una cocina con un corazón gigante, que nos llenaría de rock todas las tardes a partir de aproximadamente las 19 horas, momento en que se terminaban los quehaceres individuales pertinentes, y las bandas de todas las esquinas se juntaban a arrancarse el marulo a birra helada y porro limpio, que es un equivalente mucho más divertido que ir al psicólogo, y que regala sonrisas memorables que sirven para adornar para siempre el recuerdo.

“Pipazo va, pipazo viene, los muchachos se entretienen...” y hablan las gansadas más lindas del planeta. De aquellas tardes/noches y de la prodigiosa guitarra que Luisito siempre llevaba con él, nos quedó un disco inconcluso de rock limeta intitulado “Rollo Galáctico”, que no muy disimuladamente, pone al descubierto los endebles estados mentales por los que por aquellos momentos atravesaban estos tres mosqueteros sin espada. Hermosa y mucho más que atesorable comunión de espíritus.


La mejor cocina de Grahamstown... y Ali...
El rincón chino...
Lo demás fue una especie de experimento infinito adentro de una casa. Tantas veces pensamos en poner una cámara en un rincón de la cocina para filmar a la gente que venía y las situaciones que se sucedían... No quiero dar nombres, pero lo que nos descostillamos de la risa dentro de ese estado de sordera del alma es indescriptible. Pasaron todos, y si digo todos, solo me falta Paddy, que es lo más en viejo borracho. Frases como: “¿Alguna vez viste el fondo del abismo?” lo dicen todo.

Pasaron todos, durmieron todos, fumaron porro todos, se enojaron todos, pelearon por espacios todos, y así fue que Grahamstown durante una buena parte del 2013, mostró que el calendario maya no estaba tan errado, y que hay lugares en el mundo que por ciertos períodos de tiempo flipan. La vida sucediendo de la manera más extraña en que alguna vez la vi, comandada por extrañas energías que nos llevaban de un extremo emocional al otro. En algún momento la casa nos empezó a sanar, pero nuevamente sonaron las campanas del infierno... Teléfono rojo desde Argentina...


Paddy... de lo mejor de Grahamstown...
La verdad es que los recuerdos de esta casa todavía me siguen asaltando el alma. Cada tanto paso por la puerta y siempre veo que hay una luz prendida. Me pregunto si el que está dentro sabe algo de todo esto. Sonrío desde afuera con una leve mueca que equivale al olvido necesario y a la necesidad de “soltar y dejar ir”. Envuelvo la inmaterial lágrima dentro de una cajita de sentimientos imaginaria, y con muchísimo cuidado me la llevo al corazón. Continúo caminando... Como si me hubiera convertido en un espectador de la vida, o en alguien que por primera vez decidió frenar por un rato.

A limpiar, a descascarar, a dejar que el mundo decante. Muchos ejercicios nuevos para aprender. Brindo entonces en presencia del insondable recuerdo de aquella anarquía ordenada de la “La Casa Latina”. Lo invitamos a pasar y a ponerse cómodo, mientras lo invitamos a que lea el próximo capítulo. ¡Salud!
Vacaciones en Familia en Sudáfrica. Segunda Parte…

Vacaciones en Familia en Sudáfrica. Segunda Parte…

Ferchu capitaneando la noche loca en Grahamstown...
Vacaciones en Familia tuvo una segunda etapa netamente sedentaria en Grahamstown, y otra tercera y muy intensa recorrida, que serpenteó entre lugares como Hogsback, Mthatha, Port St. Johns y Durban. A medida que la experiencia avanzaba, nos fuimos topando con eventos y sentimientos de la más variada naturaleza. De lo desopilante a lo entrañable, de lo descartable a lo atesorable, de la tristeza a la alegría, de la excitación a la discusión o a la pelea. Lo realmente importante fue que a pesar de una acentuada anarquía emocional que reinaba en el ambiente, con paciencia y delicadeza fuimos logrando de a poco encontrarnos en el presente, aunque mucho más importante aún, practicar ese fundamental intercambio de cariño que rebalsa de sentido la vida.

La familia posando frente a la Universidad de Grahamstown...
Junto a la adorable figura de Graeme Germond...
En la cocina de Deb con Rat y Juli...
Gente perdiendo el plot en el karaoke...


Reinventando el inglés y haciendo chistes internos en un castellano profundo, fuimos logrando de a poco adornar el espejismo del tiempo. Asistimos al debido alineamiento de planetas en Port St Johns, cuando a los diez minutos de recién llegados, apareció Chris desde Ciudad del Cabo, Dave desde Luisisiki, y Steve desde la cima de la montaña. Nos reservamos los muchísimos etcéteras de tales interacciones, porque no queremos bizarrear el blog en un contexto familiar. En fin... y que dios nos perdone...


La calesita de la vida...
Acompañados por la magia de Steve...
Chris Sangoma...
Se podría escribir un libro de los treinta y cinco días que duró este viaje familiar por los vericuetos de Sudáfrica. Los eventos están debidamente anotados, fechados y verificados, pero “para no aclarar que oscurece”, mejor dejamos las mejores fotos de una familia tratando de pasarla bien y de ponerle un poco más de rock a la vida.

En algún lamentable momento, Alejandra y Fernando se subieron nuevamente a un avión que los llevaría de vuelta a Argentina; que por otro lado, confieso que me agujereó a carabinazos el corazón. A partir de ahí, y después de tanta bala, el tiempo sería el único encargado de acomodar el infinito caudal de sentimientos del último año.


Navegando un poco por ahí...
El pájaro loco...
Sudáfrica sin animalitos, no es Sudáfrica...
Para ahogar la parte más urgente de la penas, y una vez que lloramos todo lo necesario, devolvimos el auto en el aeropuerto de Mthatha y nos fuimos a la casa de Chris en “Magwa falls”, a participar de la ceremonia de Pinky que estaba entrenando para Sangoma.

Gracias Steve, Gracias Chris, Gracias Dave y Gracias Pinky por ese rescate emocional... y por sobre todas las cosas gracias a la Vieja y a Ferchu por todo el amor que le pusieron al encuentro y que constantemente le ponen a la vida. Hasta la próxima...  ¡Salud!
Vacaciones en Familia en Sudáfrica. Primera Parte…

Vacaciones en Familia en Sudáfrica. Primera Parte…

¡Qué banda de manijas!...
Para empezar este post debo agradecer enfáticamente al borracho "couchsurfero" por regalarnos la primera noche de asilo político en Ciudad del Cabo, y hacer un esfuerzo más aún, para aplaudir con el corazón a Caitlin, por la casa, por la comida, por las camas, las salidas, y por ser una campeona pura raza del mundo mundial. Gracias a todas estas comodidades, asistencias y generosidad humana, pudimos dedicarnos exclusivamente a organizar la estadía, los eventos, las excursiones, y todos los pormenores que se necesitan para moldear un recorrido por Sudáfrica versión familiar. Una vez que tuvimos todo resuelto, matamos el tiempo muerto tomando algunas cervezas en la famosa "Long Street", y nos acercamos al estadio mundialista a presenciar uno de los peores partidos de fútbol de nuestras vidas entre Sudáfrica y República Central Africana.


Caitlin... Genia pura raza...
Como siempre sucede en el planeta Tierra, el tiempo pasa, y más que ponernos viejos como dice la canción, apuramos el paso hacia un destino que nos avisaba que había llegado el momento de dar el presente en el aeropuerto internacional de Ciudad del Cabo. Encontramos un mini bus que nos llevó hasta el township "Goguletu", lugar desde el que tuvimos que caminar algo así como diez minutos para llegar hasta las famosas puertas de desembarque, y empezar a hacer el despliegue de los infaltables carteles de Bienvenida.

En este específico caso, los carteles de bienvenida no eran cartulinas escritas con una letra bonita y adornada, sino más bien, y para ser muy sinceros, unos nervios y uno de los tapones emocionales más grandes que haya experimentado en toda mi vida. No sabía cómo pararme, qué cara poner, ni qué iba a decir. Tenía los sentimientos más perdidos que perro en cancha de bochas. Ni llorar o emocionarme podía. Me sentía enfrentando sentimientos en gota, que estaban a punto de rebalsar una vida a la que ya no le cabían emociones.

Luego de un par de confusiones, y de saludar desde lejos a personas que no eran de la familia y que nos hacía quedar muy mal parados ante el resto de la humanidad circundante, la magia sucedió nuevamente, y volví a ver la cara de mi vieja y de Ferchu después de casi dos años y medio. Si me ponía compulsivo o le daba rienda suelta a las emociones, iba a terminar llorando como un niño en el medio del piso del aeropuerto, con riesgos que me tengan que venir a recoger una semana más tarde.

Para evitar tan tremendo inconveniente, decidí intentar actuar como si nos hubiéramos visto en la cena de la noche anterior y no hubiéramos experimentado ningún cambio en los últimos veintisiete meses. Alejandra Patricia Traferri estaba en un modo parecido, pero como buena madre que realmente necesita saber cómo está su hijo, no paraba de escanearme los ojos, cosa que hacía que las cosas fueran otras veintisiete veces más difíciles.


Alejandra y Ferchu... ¡Bienvenidos!...
Ciudad del Cabo de fondo...
Waterfront en Ciudad del Cabo...
Aunque también era mucho más que entendible. Lógicamente todos habíamos experimentado muchísimos cambios en nuestras vidas, por lo que entonces también estábamos buscando todas esas respuestas de golpe... atascados en la parte más genuina de ese amor infinito que sentimos el uno por el otro, pero moviéndonos como conocidos desconocidos, y con la ansiedad de necesitar esa conexión que acomoda el corazón a la cotidianeidad.

Esa inquietud que arde en el alma y que constantemente recrudece hasta entender dónde está parado el otro; y esa impaciencia para esperar una respuesta que no es una cuestión de voluntad, sino de tiempo. Habían pasado más de dos años, que en mi caso representaban también algo así como diez países, un documental en Israel y Palestina, y una película en China. La última vez que nos habíamos visto había sido justo antes que casi nos soplaran la vida en la revolución egipcia. Infumable.


Ciudad del Cabo desde Table Mountain...
La famosa prisión de Robben Island...
Estación de trenes de Kalk Bay...
Esa particular belleza sudafricana...



Con todos estos sentimientos a cuestas, no nos quedó más opción que salir a la caza de un turismo berreta que Clonazepameara la realidad, por lo que directamente en el mismo aeropuerto, nos zambullimos en un auto alquilado y comenzamos  una intensa recorrida, que nos llevaría por los eventos más pintorescos del país. Aunque como era de esperar, lo primero después de dejar los bolsos fue salir al encuentro de una preciosa botella de whisky, que se transformó en la encargada de asistirnos y mediar la primera reunión familiar nocturna.

Lo que siguió luego de la resaca mañanera fue descubrir que estábamos al borde de salir a enfrentar una tormenta de turismo sudafricano, que muy lejos de ayudarnos, colaboró a estropearnos un poco más la cordura. En los alrededores de Ciudad del Cabo visitamos Kalk Bay, Simons Town y afines, Table Mountain y Robben Island entre otros. Después que quedamos pipones de tanto hueveo citadino... nos fuimos a la ruta con Javier Calamaro...


Familia de vacaciones...
Buffels Bay...
El puerto de Knysna...
Mateando en la pirca...
Mossel Bay, Knysna y Jeffrey’s Bay nos regalaron surfeadas, olas, y el viento y la arena, sucundum sucundum. Resumiendo: la famosa ruta jardín, de punta a punta, y de pueblo en pueblo, fue la encargada de adornar y contextualizar esta primera etapa de Vacaciones en Familia Reloaded, que aunque muy inestables y llenas de sentimentalidades, transpiraron constantemente el orgullo de tener tan cerca a este cúmulo de inigualables personas, capaces de venir a visitarme tan lejos en el caso de mi familia, y capaz de acompañarme desde tan cerca en el caso de Vico; y no conformes con ello, soportar mis peroratas, y hacer de todos mis días en la vida, un día mejor.


Que no se pare de brindar...
Knysna...
Jeffrey's Bay...
Plettemberg Bay...
Esa particular hermosura sudafricana II...
Cada vez que lo recuerdo es como si llovieran baldes de emociones que mantienen limpio el pecho y sano al corazón. Qué se yo, espero que hayan disfrutado de las fotos, tanto como nosotros disfrutamos de nuestras mutuas compañías... Hasta la próxima y salud.
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