31/05/2010

Durban Vip... Sosha, Sthe y los allegados al presidente...

En Ntuzuma... en familia...
La mudanza a la casa de Sosha la completamos rápidamente y casi sin trastornos. El desembarco en el township de Ntuzuma se hizo realidad, y con él, un vagón de hechos llamativamente llamativos, valga la redundancia, y por favor créanme que la vale.

Vivir en un barrio dónde no se ven blancos, en medio de una familia tan copada con la que nos tocó, era lo único que nos faltaba para quemar fusibles. Casi no se puede creer que el padre sea musulmán y a su vez hijo de un rastafari, o quizás es común, pero para esta banda de blanquitos, esto significaba la novedad máxima.

Menos se puede creer que Sosha sea un nombre de fantasía que el mismo se había creado, motivado por el hecho de llamarse Abdul, nombre que el padre puso a todos los hijos. A su vez Abdul Sosha era ex subcampeón mundial de karate, deporte que le había enseñado el padre. Para rematar estaba Sthe, el hermano mayor de la familia, que llegó para pasar el fin de semana en Durban, que es un cantante en ascenso en Johannesburgo, el cual cuenta con sus propios videoclips que se pueden ver a toda hora en un canal Sudafricano.

Vico preguntándose cuanto falta...
Coco robot y Sosha luciéndo sus tatuajes...
El township y el trabajo nos habían mantenido ocupados por unos cuantos días que resultaron muy ajetreados y cansadores. Todo llegaba a un punto de inflexión y los ánimos de la banda estaban minados por la carga emocional, el desgaste propio del viaje, y la necesidad grupal de realmente tomarse vacaciones y no prender una computadora, ni una cámara por un buen tiempo. Y más aún, y por sobre todas las cosas, que cada uno pueda hacer lo que se le cante de manera independiente.

Acá entonces es donde hace la entrada nuestra estrella principal quien arribó directamente a la ciudad para salvarnos de lo que estuvo a minutos de convertirse en un colapso grupal.

Con los niños jugando en el patio...
Sthe apareció luego de una juntada que hicimos en el cuartel de bomberos un viernes, en dónde por varios y repetidos, repito, varios y repetidos mal entendidos de producción, terminamos después de un día tremendamente desgastante, cocinando para 15 bomberos una comida improvisada a las 8 de la noche.

Esa comida nos robó el alma, la paciencia y la buena onda, no solamente con el mundo, sino entre nosotros. Hicimos lo que pudimos y logramos salir airosos de tamaño evento escuchando la ridícula frase en inglés que acusa: “complements for the cheff” que es algo así como “un aplauso para el asador”, pero mucho más careta y frío.

Del asado nos rescató nuestro cantautor estrella, y nos fue llevando medio engañados hacia uno de los pubs más elitistas de negros de la ciudad. Le habíamos dicho que no queríamos mucho reviente y se ve que lo paso por alto o definitivamente se cagó en ello, porque el lugar era un quilombito mucho más que importante.

Sthe, amigo del presidente, Coco Tecno y Vico metal...

Prometiste que esta foto no la poníamos Juli...
Apenas llegamos el humor se vio totalmente acabado cuando nos dijeron que no podíamos entrar por las bermudas y las zapatillas que teníamos puestas. A partir de acá la noche fue de Sthe y nos entregamos a él. Hizo una breve intervención y en medio minuto no sólo estábamos dentro del boliche, sino que además nos encontrábamos con birras gratis en la mano, en el medio del vip, rodeado de negros que querían saber todo sobre nosotros, con una larga noche por delante. Lección final para aprender que una situación puede dar un giro abrupto en menos del tiempo que te toma quejarte.

Así fue que la noche nos encontró rodeados de pudientes negros que nos compraban y nos invitaban todo, a la vez que los que estaban afuera del vip nos miraban como bichos de otro planeta. Rompimos el hielo y salimos del Vip con Sthe, su novia y dos nuevos amigos que declaraban trabajar directamente con el presidente de turno, Jacob Zuma.

Van cambiando las caras...

Cara de felicidad mezcla con preocupación y euforia...

Borrachera...
Al ritmo de la canción de moda de Black Eye Peas y totalmente eufóricos por el alcohol que venía en ascenso rápidamente, nos metimos de lleno al medio de la pista a improvisar pasos de bailes, mientras que todos los negros de alrededor nos alentaban y se sumaban al evento velozmente. Un flash apabullante y poderoso. Nuestro rubio estrella parecía un resaltador incrustado en medio del ambiente tirando danza en todas las direcciones, producción robaba gin tonics por la barra, y el resto de nuestros comensales habían perdido el filtro y ya estaban en cualquiera.

Otro mini Sodoma se fue armando cuando los amigos del presidente cayeron a las cuatro de la mañana con una cantidad de alcohol ridícula y destronaron para siempre la poca cordura que quedaba en el ambiente.

La nota final la dio algún integrante de la banda (que no vamos a quemar) cuando a las seis de la mañana, mientras lo metían en un auto de prepo, cerraba la noche al grito de: "¿porqué no me dejan irme con la negra?" a las puteadas y desconsolado.

Y daaale... total...

Copito de carbón y de nieve...

Mejores amigos...
Así fue que de nuevo tuvimos la posibilidad de meternos en un lugar nuevo (siga valiendo la redundancia), donde de nuevo (idem) éramos los únicos blancos en kilómetros a la redonda. Los negros se encargaron de que la pasemos alucinante, de asegurarnos un alcohol en mano permanente, y la noche más divertida de toda nuestra estadía en Durban.

El minicooper de Sthe arrancó y nosotros atrás como poudimos lo seguimos. Nos volvíamos a pasar la última noche al township para hacer un cierre de Durban a todo trapo en el estadio mundialista recientemente inaugurado.

Entonces resta despedirnos y decir que nos encontramos en el próximo post cuando jueguen por la copa de leche Amazulus vs. Sundowns.

Una banda poco usual...

Durban, llegadas y primeras experiencias...


El Querubín del viaje... el niño Torres...
Luego de vencer el síndrome de “un día más”, logramos abandonar Amapondo con bastante pena, pero con algunos alicientes. En primer lugar: nos invitaron a pasar las fiestas, por lo cual sabíamos que volvíamos en no más de veinte días. Segundo: Steve venía con nosotros a Durban por lo cual no había nada por lo que preocuparse, sólo relajarse y escuchar; y Tercero: en dos días venía el rubio más lindo de todos, nuestro amigo del alma y nueva estrella del Blog, El gran Víctor Martín Torres, hijo menor del clan de los Torres, querubín de la familia y alto rock.

Así fue que encaramos la ruta, con el norte al frente, el sur siempre esperando y con una sonrisa que iba del alma a la cara. Llegamos a Durban después de cinco horas y fuimos derecho a lo de una ex novia de Steve, Rose, tan genia como él, divina, como de la familia. Ahí nos dieron espacio para descansar y dedicarnos a organizar la cantidad de laburo que teníamos atrasado, para luego ver dónde nos íbamos a instalar a trabajar.

Pensando un poco y con una careta tamaño familiar desembarcamos en el cuartel central de bomberos de Durban al grito de: “solamente por dos días!!!”. Los bomberos que son tipos tan copados como los camioneros, nos abrieron la puerta del cuartel, de sus casas, y nos llenaron la vida de aventuras.

Muerte súbita...
En el cuarto de la estación de bomberos...

Camionazo...
Arribo de la persona más rubia que alguna vez piso tierra africana mediante, y emociones varias, nos pusimos a laburar y a avanzar con todo al mismo tiempo. Cuando nos quisimos dar cuenta ya sabíamos qué alarma era para qué cosa y las internas de los bomberos blancos con negros e indios.

Cliff, uno de los firemen más allegados al clan, luego del segundo día y cuando ya pintaba dead line de retirada del Firedepartment, vino con su impecable ingenuidad y sonrisa gigante a decirnos que tenía una casa al fondo de la suya, y que la podíamos utilizar por unos cuatro días.

Cliff es un nuevo modelo de humano que vive en Durban North. Este nuevo modelo viene con novio propio y con una moto pistera al mango. Generalmente viven en un pedo cósmico, pero a cambio de eso, obtienen felicidad de todo lo que los rodea y la sonrisa usted se la puede ver inserta en el rostro incluso en las horas de sueño. Habla generalmente de sexo entre líneas y asiste al entorno de manera impecable y absolutamente conmovedora. Vivir en la casa de un Cliff al lado de su piscina y tener la primer casa propia sólo para nosotros en África, es el primer recuerdo imborrable que se apunta esta nueva banda de fascinerosos Vico 7.0.
 
Cliff 2.0...

Cliff... un nuevo modelo de humano...
Los días transcurrían entre trabajo y más trabajo hasta que llegó el momento del relax, decretado por Cliff y su pareja, mediante una invitación a un asadazo. La verdad la verdad, no sabíamos si se querían comer al rubio de entrada, pero aceptamos y ahí nos mandamos. La guarrada de carne que compró nuestro bombero del alma no entraba en la parrilla y era la primera vez desde Argentina que íbamos a ingerir tamaño bife de un sólo saque. Ni hablar de los chorizos y la ensalada de papa y huevo que acompañaba. Cliff....no te mueras nunca.

Ver tanta vaca a la parrilla casi nos roba unas lágrimas. No sabíamos si comerla o mirarla de lo linda que quedaba... chillando... sacando juguito. Faaaa!!! diría producción... qué lindo momento!

Dejá de hablar y sacá un chori...

Humo rico...
No habló nadie en ningún idioma por el período de tiempo que nos llevó comer la primer tanda. Cuando llegó la segunda, ya el ambiente estaba al ritmo de unas copas de vino tinto y una Gloria Gaynor que brotaba radiante como Cliff del equipo de música. Siguieron los Bee Gees y afines. Cliff estaba más contento que perro con dos colas y no paraba de servir comida meneando las caderas. Se fue haciendo tarde y no se que teníamos que hacer al otro día, que nos impidió tomarnos los dos litros de vino que quedaban. 

Ahora me acuerdo, teníamos que mudarnos a vivir a lo de otro bombero, Sosha, que también tenía algunas experiencias para regalarnos, aunque más que él un hermano muy particular que tenía en Johannesburgo y que iba a llegar el fin de semana.

Así nos fuimos a dormir, atorados de comida y de vino, pero responsablemente y tempranito. Cliff nos había regalado una velada sin igual y mucho más que eso, nos había abierto la puerta de su casa y nos atendió como todo el mundo quiere que lo atiendan. Un genio total.


Para no perder la costumbre con la rareza de los lugares, el sitio que nos esperaba era el tercer township más grande de Sudáfrica, Ntuzuma, lo que suponía un cambio de mundo blanco a mundo negro en media hora. Uno de los tantos movimientos que nos están llevando hacia la locura.

Lo que nos esperaba allá en la montaña eran más aventuras animadas de ayer y hoy. En el próximo post una noche vip y mucho famoso dando vueltas. Gracias por acompañar.

Trajes intergalácticos apaga incendios...
Fede haciéndose el boludo para robar algo...

19/05/2010

Magwa falls, Steve y la banda de los Sangomas. Una excursión al centro del paraíso...

Steve y toda su mística en los alrededores de Magwa Falls...
Magwa falls o Las Catarátas de Magwa son casi el epicentro del paraíso del Transkei, por ende, el mejor lugar de todos en los alrededores.

Steve es un genio de raza blanca , de unos 43 años, además de viajero y santo proveedor. Gran conocedor del área del Transkei, ya que fue de los primeros blancos que lograron insertarse en los alrededores en épocas del Apartheid, cuando era un lugar sólo reservado para negros.

Típico aprendiz de Sangoma...
Los Sangomas son los personajes más llamativos y extraños de la zona, de los cuales Chris es el más representativo y quien nos invitó a conocer su hogar situado a metros de las cataratas, pasar un par de días allí, y presenciar una ceremonia de iniciación de un nuevo Sangoma, lugar al que iríamos con la cámara para poder registrar el evento.

Estos tres elementos invalorables se interrelacionaron durante un fin de semana para poner el broche de oro a nuestra estadía en Port St. Johns. (Si alguien quiere saber que es un Sangoma y en que consiste la ceremonia por favor remitirse al link).

Cris Sangoma...
Por lo pronto el fin de semana arrancó con Steve haciéndose cargo de guiarnos por los engañosos caminos que van hacia las Cataratas, lugar dónde se asienta un pequeño pueblo y se estaciona el auto, para luego caminar por aproximadamente una hora, hasta alcanzar la mini aldea de cuatro casas donde vive Chris.

El día que nos tocó arrancar llovía a cántaros, y los caminos de tierra estaban totalmente inundados, barrosos y en cierta forma peligrosos. De todas maneras no había opción, la ceremonia era ese fin de semana y no se posponía por lluvia, así que nos aventuramos, y después de algún que otro estancamiento, logramos llegar al lugar desde dónde teníamos que caminar.

Vamo' que llegamo'...
Steve bajó, habló un par de palabras en Xhosa con los habitantes del lugar y en un santiamén arreglo la estadía de los autos. Veníamos en banda contabilizando unas nueve personas en total, los cuales luego de procurarnos aislantes para la lluvia, arrancamos la travesía a pie. Otro paisaje indescriptible asomó en minutos.

El camino era pendiente abajo por un sendero angosto, incrustado en una montaña que te deposita directamente en el valle dónde está la casa de Chris. Es una locura absoluta, y lo único que puedo decir es que no se veía nada más que el bosque que nos rodeaba, una pared blanca mezcla de niebla con una fina lluvia y nubes que taponaban toda la ladera de la montaña. La imagen daba misticismo y pintaba como en cualquier momento iba a aparecer algún duende verde con un trébol y un barril de monedas de oro preguntando ¿que hay de nuevo viejo?

Camido de selva húmeda...
Claire...
Trajes impermeables...
Pasamos dos ríos algo agitados, con cierto miedo por la cámara, pero dónde todo salió perfecto y la aventura de llegar a la casa de Chris nos llevó algo así como una hora. Fuimos recibidos espectacularmente con pan casero y café.

La aldea de Chris es un planeta aparte. Está situada en el medio de un valle con una vista de 360 grados de montañas, de entre medio de las cuales asoma la larga caída de agua de las cataratas. El paisaje es de esos vertiginosos, de los que cuestan abarcar y absorber en una mirada. De esos que siempre descubrís algo nuevo cuando lo volvés a chequear.

Cruzando uno de los ríos de por ahí...

El inmortal Christopher...
En la aldea de Chris se camina en patas en medio de un barro tipo fondo del río Paraná, rodeado por cabras, gallinas y gente que viene del pueblo más cercano, los cuales no sumaban más de cuarenta personas, que no hablan idioma alguno que usted y yo podamos comprender. Son extremadamente amables y tratan todo el tiempo de intercambiar alguna sonrisa o buena onda, especialmente las mujeres y los niños. Los hombres se dedican más a tomar una cerveza de elaboración propia y a inducirte a lo mismo, mientras festejan y asisten la ceremonia de iniciación del nuevo Sangoma.

El hecho de llegar y estar en el lugar supone una gran experiencia en sí misma. Sólo observar la forma de vida, los tiempos que se manejan y la forma de cocinar, genera un contraste cultural insalvable. Es la realidad aparte más opuesta con lo conocido por nosotros que vimos ever.

En la aldea de Chris...

Otra perspectiva...
Mientras nos sumíamos bajo los precisos códigos del lugar, (que Chris se encargó de aclarar previamente) Steve nos iba relatando todo lo que pasaba, al tiempo que profundizábamos relaciones con todos los que podíamos alrededor.

Pasaba el tiempo y conforme la ceremonia avanzaba, la cosa se ponía más y más interesante, hasta que todo terminó en medios de sacrificios y espiritismo. Flashazo para la memoria y la cabeza. Después de colgar el último animal despellejado en el techo de la choza y de que vimos el nacimiento de una nueva aprendiz de Sangoma, algunos se quedaron durmiendo en la choza principal, mientras otros nos retirábamos a una choza secundaria, a encontrar un lugar para tirar nuestras bolsas de dormir entre medio de las gallinas que empollaban y cosas del estilo.

Los Sangomas siguieron toda la noche despiertos bailando y cantando con la gente del pueblo que todavía acompañaba, y no hubo casi, corte de día. Luego de un par de horas tirados en el piso, un par de gallinas pisándonos la cara y el nacimiento de más o menos cuatro pollitos, nos levantamos y nos fuimos a dar una vuelta alrededor.....Belleza indescriptible. Cuando volvimos nos estaban esperando con el último sacrificio del día anterior cocido. Un cabrito entero que estaba riquísimo.

Steve y Christopher, eminencias...

Siempre con su sonrisa...
Cuando decidimos que era hora de ir volviendo, los Sangomas y algunas personas del pueblo se organizaron y nos hicieron un baile de despedida que puso el sello de oro al mambete.

El camino de vuelta fue totalmente lo contrario al de ida, y la imagen cambio ridículamente. Sol absoluto, no nubes, no niebla, nada que dificulte la visual en ningún punto. La banda nadando en los ríos. El paraíso, ni más, ni menos que el paraíso.

Cuando logramos ascender completamente la ladera de la montaña nuevamente, vimos una imagen para la posteridad: el día automáticamente dió un vuelco de 180 grados y en menos de cinco minutos el lugar se cubrió por completo nuevamente de nubes y de niebla, no dejándonos ver más allá de diez metros.

La banda dentro del paraíso...
Uno de la banda dijo: viste eso?, otro dijo: ese lugar existe realmente?. Nadie respondió. Subimos a los autos y nos fuimos yendo hacia Amapondo con el culo lleno de preguntas y con muy pocas respuestas. Nuestra estadía en Port St. Johns se iba terminando y con dolor mirábamos el mapa hacia nuestro siguiente destino: Durban.

Port St. Johns, Sodoma after eight, tekila, trance y jarabes para la tos...

Christopher de fondo y la cámara diabólica...
Hablando del equilibrio que maneja Amapondo debemos decir que por éstas épocas del año el equilibrio cierra a las 19.59 a más tardar. Increíblemente antes de esa hora el lugar mantiene un ritmo de vida inclinado hacia la total productividad, en dónde cada uno cumple su función y realiza las tareas asignadas. Los hippies producen, las cosas se limpian, se hace yoga, se realizan caminatas, se enseñan distintas cosas a la gente del lugar y nosotros trabajamos sin parar.

Curiosa y llamativamente las transformaciones que se van dando son extremas y muy, pero muy graciosas. Se pueden ver a todas las personas que dos horas atrás parecíamos hombres de bien en busca de un futuro mejor, eliminando absolutamente toda energía extraña que circunde el lugar, mediante danzas, movimientos y una cantidad abrumadora de tekilas que van regalando caras para la posteridad. Si este párrafo les pareció muy "new hippie" dejen de leer ahora, es el momento.

Annie, Eva y hippies del orto...
La energía y el mambete que se genera en un espacio de 4 x 4 metros es llamativamente invasiva, acogedora y regocigante. (Diría Martín Revoira Lynch) “Miles y miles de borrachos boló...bailando en cuero...” Definitivamente la noche de Amapondo es la montaña rusa estrella de este inmenso parque de diversiones. Subidas y bajadas por millón, caída libre, rulos y la constante adrenalina de que cualquier cosa puede pasar. Jodete las bolas man!....la noche de Amapondo es el mejor vicio que adquirí.

Ahora bien, 19.30 cierra la producción, se toma un ligero baño, se come algo rápido (no importa qué) y todos juntos nos metemos en el pequeño bar del lugar para comenzar la transformación al ritmo de la primer birra que puede ser una Black Label, una Castle, y para quienes tienen un paladar más exquisito, una Amstel o una Widhoek.

Se ven girar algunas rondas de Amarula y algunos pequeños shots llamados Springbocks. De todas formas esto es sólo la primer parte y sirve de preludio para tomar coraje y de a poco empezar a meternos sin trabas, sin tapujos y sin vergüenza en el ritmo del trance y su mejor amigo, el tekila. Todas las previas se sirven acompañadas por sesiones de Djembe ejecutadas alrededor de un respetable fuego justo enfrente del bar.

Con Simon mientras repara un Djembe...
Claire y Chris Sangoma...
Tania bailando es un espectáculo sin igual, impactante y sin mesura, los negros de la barra son una máquina de emborrachar locos, los personajes que aparecen sólo de noche nunca sabés de dónde vienen y está Angus todos los días, pero lo más importante, no hay persona que la esté pasando mal. Flash cósmico intergaláctico. Dame mil entradas que de acá no me sacan ni con el ejército de Estados unidos. Al grito de "More Fire" se sube el volumen de la música y que no se pare de bailar, que no se pare.
 
Hablando de Angus, que es un rasta que rodea los treinta años, originario de Ciudad del Cabo, hay que agregar que no sólo está todas las noches regalando su danza loca, sino que además si tenes suerte y le caes bien, anda convidando un destilado de marihuana de unos 60 grados de graduación alcoholica, casero y exquisito y si no te avisan que pega fuerte y te tomas ocho cucharadas te puede complicar un rato largo, al punto que podés salir caminando hacia ningún lado en busca de no se qué. Angus es definitivamente un genio.

Manijas en la cocina preparando pizza para todo el mundo...
En fin, la noche de Amapondo regala hermosas experiencias en todos los rubros. Tanto la cabeza, como el cuerpo y corazón pueden ser afectados sin aviso en este principado de la buena onda. Si tenés suerte y te dejas llevar, te puede pasar todo en una misma semana y sin darte cuenta podés estar contando a tus amigos los mejores días de tu vida, mientras la sonrisa se te clava en el rosto, y una melancolía, pero de la linda, se queda estancada y te roba suspiros.
 
Para terminar y para cerrar debemos decir que la noche de Amapondo es un delirio sano, el cual dirige muy seguido Jandre, acompañado de su laptop y su intenso repertorio Trance, chequeando estados de ánimo y metiendo una pista tras otra de diversión y movimiento al ambiente.

Chris y su aprendiz de Sangoma...
Irse a dormir es un placer y suele suceder a eso de las tres o cuatro de la mañana. Puede haber una previa pasada por la cocina a robar alguna feta de queso y tomar un traguito de agua, o podés levantarte en un sillón preguntándote ¿porqué o qué hice anoche?. Es lo mismo, al final todos quedan con la panza llena y el corazón contento.

Mañana entonces será otro día mis pequeños hippies, plagado de trabajo y diversión. Hasta entonces.

Clint y figureti...

18/05/2010

Port St. Johns, Amapondo backpacker's... Un parque de diversiones para adultos...

Si ves este cartel... frená, pará y olvidate de todo...
Port St. Johns es la mejor mezcla que vi de lo mejor del cielo con lo mejor del infierno. Viendo que usé tres veces la palabra mejor en la misma frase, supongo que es el mejor lugar que pisé. Me corrigen acá y me dicen que hable en plural... que pisamos.

At one side y de día, es el dibujito del paraíso sin Adán y Eva en bolas y sin manzanas prohibidas: verde, montañas, ríos, océano, aire puro y mucha paz. On the other hand y de noche, aparecen las mujeres hermosas y un Sodoma gigante que abre más o menos a las 20.00 horas, y que se termina cuando no queda nadie.

Se puede ver al diablo echando más leña al fuego, más tekila en los vasos, y poniendo un trance extremadamente estimulador para que no pares de menear, menear, menear, menear... Si usted no se quiere perder en la perdición, recomendamos una temprana huída a la camucha, y al otro día no habrá sentido nada, ya que el lugar es tan amplio que se puede estar en el estado que uno quiera y no enterarse de lo que pasa alrededor.
 
Es increíble el balance entre el bien y el mal que se maneja en este hermoso parador del Transkei, y como diría un amigo rubio en posteriores tekilas: "este lugar está muy bien logrado".

Vista panorámica del ala fiestera...
Amapondo nos recibió con los brazos abiertos, y como primer regalo de nuestro anfitrión, Tim, nos invitaron a quedarnos gratis por un tiempo indefinido, hecho que motivó el primer: "no te la puedo creer" de los mil quinientos que repetimos durante nuestra estadía. En eso aparece Ani, esposa de nuestro benefactor, irradiando belleza, sonrisa y buen humor, a decirnos que cada mañana podemos tomar sesiones de yoga con ella, gratis y al frente del mar o en la colina más próxima. Nunca hice yoga en mi vida Ani, pero ya que sos un ángel y tenés tanta onda... “O.K. Ani, thank you, for sure we will come”.

Todavía estábamos buscando la forma de gastar la plata cuando apareció Clint, un loco de unos 32 años de edad, ex heroinómano, adicción por la cual había tenido un infarto y perdido la movilidad en el brazo derecho, a contarnos ésta historia, y decirnos que se había venido a vivir para siempre a este lugar, no sólo para no recaer nunca más en la droguita, sino que también para hacer de guía hacia las reservas más cercanas, todos los días después de las sesiones de yoga. Y adivinen que?...Gratis también.

Clint izando el brazo que aún le funciona...
Como le pasó a un amigo mío, apenas te levantas, te podés encontrar también con Toto o con Stevie, dos negros divinos que trabajan en el lugar en tareas varias y desparramando toneles de onda, que al ritmo de la frase que más utilizan los negros acá: more fire, se prenden no uno, sino dos tronchos que no solamente son tronchos, sino que son ricos y además te convidan... no vaya a ser que tengas una mañana estresada. Ah! me olvida de comentarlo: es gratis también.

Toto con toda la onda a cuestas...
Luego de quedar tirando patadas voladoras por la primer hora y sin saber si tomar un café o empezar a gritar: ¡¡¡La puta que vale la pena estar vivo!!! se te puede cruzar por delante una rubia rasta de 40 años que se puede llamar Tania, que al paso que viene hacia vos vas viendo como se raja la tierra levemente y se te traban las primeras palabras. Ahí decís “¿para que fumé? si ya sé que quedo muy loco tan temprano”. La pregunta pierde el sentido cuando te das cuenta que la piba se fumó cuatro más que vos y todo se vuelve paz, armonía, belleza y tranquilidad. Armate otro Cacho! sí armate otro... ya fue, ya está... después vemos...

No vaya a ser que se te cruce Angus a regalarte un jugo que sobró, o Kate a ponerle energía y buena onda a la mañana de todos, en todos los idiomas. No vaya a ser que te cruces con Simon, el mejor artesano que hayas conocido, o con Claire, la más hippie de las hippies, o con Dean que vende crónico y que también lo regala, o con Shane con su aura magnánima, sentado, sin hacer nada, sonriendo.

Claire y la gallega hipponeando a lo loco...
Y por sobre todas las cosas y sólo para nombrar a quienes pueden ser considerados "de la casa", que no te vaya a pasar que además de que te den todo gratis, te traten infinitamente bien, y conozcas a todos los del párrafo anterior, te cruces con STEVE.
 
STEVE se escribe con mayúsculas, más aún cuando decide no sé porque motivo, apadrinarte y guiarte por toda tu estadía en Port St. Johns, cuidarte y mostrarte  los detalles y las cosas que por uno mismo llevarían mucho más tiempo de ver. STEVE llega con un free pass bajo el brazo de las puertas del Edén rockero, en el que todos nos queremos quedar a pasar la eternidad. Algo así como un San Pedro, pero no tan careta y exigente, y con un toque más de onda.

Steve a punto de comer algo y fumarse uno...
Decía que no te pase porque la estadía que planeaste por tres días se puede convertir en una de doce, y si tenés que trabajar, las cosas se pueden poner un poco dificultosas y lentas. Nosotros todavía estamos tratando de encontrar la solución a ésta ecuación de tercer grado, y para resolverla, nos vamos a una playa que está a escasos 200 metros del lugar, a tocar el agua que nos dijeron que está calentita, y a ver si es cierto que hay tantos tiburones. En el medio nos venden langosta y mejillones que por lo que cuestan, diría que son gratis también.

En fin... Bienvenidos ustedes también al mejor parque de diversiones para adultos, bienvenidos a la Wild Coast y bienvenidos a Port St. Johns y Amapondo Backpacker's. Enjoy and More fire!.

Vista desde Amapondo...
Hippies extremos, Evita dibujando... besos gallega...